Cohabitar: La Confianza entre Seres

Las islas Galápagos, como muchos saben, es un parque nacional, donde los seres humanos conviven en respeto tanto con otras especies como con el medio ambiente. Fue impresionante ver cómo los lobos marinos se suben a los puertos para interactuar con los seres humanos, pidiéndole a los  pescadores/as las sobras del pescado que cortan cada mañana para la venta, al igual como lo hacen los perros callejeros y abandonados en Chile. La única diferencia, claro, es que en Chile los perros callejeros no están protegidos del maltrato ni tampoco tienen alimentos disponible 24/7 como si tienen acceso los lobos marinos en Galápagos, un ambiente completamente protegido y donde el respeto por otros seres es prioridad.

Mientras uno camina en cualquier parte de la isla, las lagartijas y las iguanas no se inmovilizan y ni se percatan de la existencia de uno y los pájaros se acomodan en lugares bastante cerca de los seres humanos para permitir ser fotografiados. Es realmente extraordinario ver la naturaleza en su plenitud, en su ciclo perfecto  que se basa en esencia de cada ser: simplemente en el ser y en el rol que cada especie cumple para conservar el sistema.

La presencia de cada ser se puede ver y sentir en la superficie, o en la tierra. Es la misma sensación que tengo debajo del mar, donde no llama la atención observar las relaciones entre los seres que ahí viven. El mar acuna un ambiente que conserva minerales intocados por el ser humano y que, por ende, se encuentran libre de energías negativas del mismo.  En el mar no hay maltrato desde las personas hacia los animales que ahí habitan. Mi experiencia ha sido igual en todos los mares que he buceado. En Galápagos, por ejemplo, los  tiburones, con su mirada desconfiada pero sabiendo que no hay amenaza, te ignoran como si fueras un pez más debajo del agua. En Chile, los cardúmenes de pejerreyes circulan al lado de uno mientras buceas. En Barbados, los peces trompetas te miran de reojo  mientras se  camuflan entre las algas y arrecifes, simplemente observando. En Bali, los peces león, con sus rayas rojas y blancas, se movilizan lentamente y de manera solitaria sin tampoco importar la presencia de los/as buzos/as.

Me pregunté cómo las especies en Galápagos llegaron a adoptar la misma actitud que las especies que tanto me llamaron la atención estando debajo del mar. Sin sentir amenaza, los animales en superficie circulan libremente y sin importar la presencia de seres humanos. Me surgió la pregunta si es realmente porque es un parque nacional, que las personas se ven obligadas, de cierta manera a conservarlo? O es algo que nace desde las personas? Encontré respuestas en las conversaciones con algunos/as Galapaguinos. En las muchas conversaciones que sostuve, me di cuenta que más que una política que los impulsaba a conservar el medio ambiente, las ganas de incorporarlo en sus propias vidas. A pesar de que fue la primera localidad en comenzar a reciclar en Ecuador, no hay restricciones hacia los/as Galapaguinos para producir y vender productos con los materiales usuales a los turistas. Por lo tanto, me llamó mucho la atención los diferentes emprendimientos locales que utilizaban materiales de la zona, para crear.

En ese contexto, conocí a Ondy Amano, emprendedora que se dedica al arte reciclado y visibilizar las especies y sobre todo los colores de la naturaleza en prendas de vestir y cuadros que ella misma pinta. Lo hace con materiales reciclables como plástico, papel mache, semillas de café, el plástico de las bolsas reciclables, entre otras. También a un artesano, que creaba conciencia sobre la importancia sobre el medio ambiente construyendo estatuas con colillas de cigarro, que exhibía a diariamente en el puerto y se daba el tiempo para explicarle a los turistas sobre esta iniciativa.

De la misma manera, cuando fuimos a la playa de tortugas y me quedé con arena en las sandalias, el capitán me llamó la atención y me dijo “no se puede llevar arena de esta playa al resto de la isla”. Como fui última en el bote en subirme, no me esperaron para que me sacara la arena y simplemente pensé en que me había llevado la arena durante todo el trayecto de vuelta. Había incorporado ese elemento que parecía ser inherente en cada persona que ahí conocí ahí ya que aunque parezca irrelevante, si todos los turistas como yo se llevaran arena de la isla, habría eventualmente un problema para el ecosistema. De la misma manera, las conversaciones que sostuve con las personas que trabajaban en el centro de buceo también me hizo entender que la naturaleza tiene un rol primordial en las vidas de las personas, el mensaje no tenía que ver con su deber sino que con un real compromiso con la naturaleza, con la conservación de ese estado y con el amor por la creación.

Las Islas Galápagos me hizo recordar qué es lo que me hace feliz mientras estoy en superficie: estar consciente sobre la naturaleza, respetar a cada especie como si fuera uno mismo, y sobre todo, tener el espacio necesario para amar, sin restricciones ni normas impuestas por la sociedad sobre cómo hacerlo. Me hizo también recordar los tantos conocimientos que fueron heredados a nosotros por nuestros ancestros y reproducido en la conciencia colectiva de la historia, y de los diversos personajes históricos y filósofos, como Mahatma Gandhi, guía por el movimiento por la independencia en India y Premio Nobel, que indicó que “la grandeza de una nación y su progreso puede medirse en cómo trata ésta a los animales”.

Si alguien me dice hoy día que conseguir ese estado es difícil, no lo creo. Presencié el respeto y el amor que el ser humano puede sentir por el medio ambiente en las Islas Galápagos y estuve en armonía con eso. Me conecté con el amor propio y confié en que las personas, cuando desconectadas del estrés, se conectan con el amor por los otros seres, aunque no sean seres humanos y pueden amar sin restricciones. Lo vi ocurriendo en mí misma de manera constante. Si en Galápagos, la esencia de los seres humanos es promover el respeto por las especies, estoy segura que puede existir en todo el mundo. Sé que es algo difícil de lograr pero verlo me llenó de seguridad sobre el ideal de mundo que siempre he tenido: un mundo en el que prime el respeto y en que las relaciones entre las personas y otras especies predomine respeto que es una plataforma real para cohabitar.

Lobo marino pidiendo pescado en el puesto donde vendían cada mañana
Lobo marino pidiendo pescado en el puesto donde vendían cada mañana
Emprendedor, creando conciencia sobre el medio ambiente construyendo esculturas de colillas de cigarros
Emprendedor, creando conciencia sobre el medio ambiente construyendo esculturas de colillas de cigarros
Iguanas en la playa de las tortugas
Iguanas en la playa de las tortugas
Yo y las iguanas detrás de mi en la playa de las tortugas
Yo y las iguanas detrás de mi en la playa de las tortugas

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